Hace un par de años, recibí en la escuela donde trabajaba el reconocimiento “Magister Iuris”, como mejor maestro de la carrera de derecho. Esto, además de obligarme a hacer mi baile de la victoria de manera más discreta de lo normal (normalmente mis victorias son contra una computadora y pues ella no resiente mi bamboleo de piernas ni mis caderas en feroz contoneo), me dejó sorprendido, ya que no me consideraba mejor que muchos de mis compañeros – y no lo soy, aunque tampoco el peor. Esto se decidía por votación (convirtiéndome ahora en el “mas popular”) y exigiéndome esfuerzo extra para seguir siempre entre los nominados y no manchar mi propio nombre.

Spoiler: no pasó, se dejó de dar ese premio, ahora soy eternamente el único ganador en la historia, juar juar.

Incidentalmente, este año he estado más al pendiente de lo normal en los lanzamientos de juegos, leyendo críticas y hasta jugando algunos, viendo cómo la gente se emociona, los críticos buscan nuevas palabras para describir sus impresiones y al final el trenecito del mame decide las estaciones en que se detendrá este año. Por supuesto, entre tanto ruido siempre brotan las frases esas como “GOTY seguro” o “Mejor de la historia” y me hicieron recordar mi curioso reconocimiento.

Además del remolino de emociones, el reconocimiento me sirvió para darme cuenta de lo siguiente, tanto de él como de los dichosos premios al juego del año.

Es importante saber cómo se elige y quién lo otorga.

No es lo mismo el “Magister Iuris” que el premio Nobel de profesoría (cállense, en mi corazón si existe), ni juego del año de la revista jueguitos o un premio BAFTA, así como tampoco que se otorgue por votación, medidas tomadas de indicadores objetivos o por decisión de una “corte de expertos”.

El reconocimiento no te obliga a nada.

Yo seguí con mis clases normales, haciendo lo que creo que hago mejor, sin pensar en ganarlo de nuevo, cosa que no era garantía. Del mismo modo, quien “gane” este año va a seguir trabajando igual, sin que le influya en nada, la visión y el modo de trabajo ya lo tenían antes y lo tendrán después del premio.

El reconocimiento sirve de algo al final del día.

Así como yo puedo ponerlo en mi currículum (aun sigo arrepentido de no haberlo puesto como mejor profe ever y a perpetuidad del universo), y los desarrolladores pueden vender su edición juego del año con todos los extra, que al final los financiarán para crear más juegos probablemente muy buenos, así como para pedir inversión o financiamiento para futuros proyectos.

En realidad no es importante.

Mis clases siguen conteniendo la misma cantidad de información, calidad en los datos que enseño y mas o menos el mismo número de referencias a los simpsons (estoy incursionando en chistes de futurama, pero el proceso es más lento), pero siempre hay alumnos que no las disfrutan como yo quisiera, o prefieren clases distintas. También, tengo en mi casa algunos juegos en mi backlog, entre ellos The Witcher III, con 4 horas jugadas, generando polvo mientras me decido a tomar ese compromiso y estoy entusiasmado jugando mass effect andromeda. El premio (o premios, ya que la portada dice que tiene 300, lo que me hace pensar que tal vez hayan demasiados), de juego del año que tiene The Witcher no lo hizo más atractivo, ni “mejor” para mi, dado que no lo otorgo yo.

Por último, hay que entender a quién se premia o reconoce.

Estos galardones son para el desarrollador, para la gente que trabaja para crear un juego de calidad y logra sus sueños, no es para nosotros, por duro que suene, así como yo no creo que mi reconocimiento lo puedan presumir mis alumnos, no le veo sentido a decir “este juego me gusta mucho y ganó juego del año, así que tenía razón en que me gustara”, cuando el hecho de disfrutar un juego no requiere validación de terceros.

El tema con estos premios es que crea dos fenómenos indeseables: alimenta a los fans acérrimos de un juego cuando gana, creando monstruos que se creen legitimados para despreciar juegos que no les gustan y crean una falsa percepción de lo que en realidad fue un juego, alejándolos de una percepción del juego real y cercana.

Con la inminente llegada de la época de las listas, premiaciones  y demás festividades decembrinas, lo ideal es que veamos con calma y desde muy lejos como la gente se despedaza, mientras, para elegir cuál juego es el adecuado para cada quien, seamos como el niño en los Simpsons y juguemos lo que se nos antoje.


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shabumafu

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