Hace poco que estaba viendo Stranger Things recuerdo pensar “¿Por qué demonios no tenía amigos así a esa edad?” Esto, claro, no es un comentario negativo hacia los amigos que sí tenía (aunque Pepe de 2°C puede agarrar el tren de las 10:30 a la chingada), sino un pensamiento sobre cómo me sentía un poco fuera de lugar en mi infancia.

Verán, decir que estaba erizo por jugar Dungeons & Dragons sería malvender la realidad. Desde muy pequeño yo tenía el interés por el rol—tomar papeles de personajes que eran diferentes a mi realidad, ir a otros mundos y vivir épicas aventuras sonaba como el tipo de escapismo que un ñoñazo como yo amaría. El problema es que nadie a mi alrededor tenía el menor interés de jugar algo así conmigo, y de hecho creo que me habría ganado un par de zapes (¿o es ‘sapes’?) si hubiera expresado ese interés en la primaria. Leer The Neverending Story o The Talisman o The Fellowship of the Ring mil veces no serían suficiente. Hay algo muy diferente en una aventura de rol a leer un libro de fantasía o jugar un videojuego, y eso es algo que, ya cuando finalmente lo hice a mis 29 años, entendí mejor que nunca.

Jugar Dungeons and Dragons en mi mesa actual, comenzando como un novato (dijo el güey nivel 5), ha sido una experiencia increíble, aunque no necesariamente comenzó así, y quiero tomar esta oportunidad y este medio para compartirla con ustedes. Aquí comenzaré una especie de diario donde describiré mi experiencia como medio orco en Dungeons and Dragons.

Todo, claro, será visto desde mi punto de vista que no estará sesgado, ni exagerado en lo más mínimo. Probablemente. Honor de orco.

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Todo comenzó cuando, en alguna conversación, le dije a Humberto (sí, el de #ElBeastcast) que moría de ganas de jugar D&D desde que era pequeño. Para poner un poco de contexto para aquellos de ustedes que no lo conocen, Humberto es el tipo de acelerado que cuando encuentra un interés en común contigo va a hacer todo lo posible para que la actividad se formalice. Y lo hace de la forma más eficiente y hardcore imaginable. Sin importar si estamos hablando de Dungeons and Dragons, Magic the Gathering, diplomados en biogenética, persecuciones policiacas, viajes astrales, o lo que sea..

La conversación fue así:

waaa

Esta conversación que puede o no ser falsa no es una exageración, pero ese acelere me funcionó muy bien porque ya no podía hacerme pendejo ni echarme para atrás. En fin, un poco después, nos encontrábamos en mi casa para crear personajes. Tomo esta oportunidad para hacer el dramatis personae (soy escritor, cállense) de nuestra mesa de Dungeons and Dragons.

Jacinto, el Dungeon Master

El DM de nuestra mesa es Jacinto Quesnel (síganlo en Twitter) y yo lo conocí, no el día de la creación de personajes, la cual fue lidereada por Humberto, sino la primera sesión real una semana después. Jacinto tiene un amor y pasión por los juegos—videojuegos, rol, mesa—inmensurable, y todo el año lo pueden encontrar como líder en la industria con eventos como el DevHr o el Global Game Jam entre otros. Algunos de ustedes lo recordarán del episodio 021 de #ElBeastcast (y si no lo conocen, los invito a que lo escuchen). Para alguien que juega rol como yo descubrí que jugaba, el estilo de master de Jacinto es un match perfecto. Explicaré esto un poco más adelante.

Ahora los jugadores, en orden alfabético.

Alex Lórien, el bardo medio elfo

Interpretado por Javier Romo, a quien recordarán de cintas como El Maratón de TowerFall, e innumerables menciones en #ElBeastcast. La referencia en el nombre de este bardo es obvia (Aleksandr Borodín, el romántico ruso, obvio), y va en línea con el jugador. Alex es un medio elfo borracho que viene de una familia pudiente, es bien educado, y toca cual instrumento le pongas en frente, y sí, ya hemos hecho chiste sobre tocar la flauta, corneta, o cualquier otro instrumento de viento que se te pueda ocurrir. Al igual que yo, Javier no tenía experiencia con D&D entonces es con él con quien tiendo a echar desmadre fuera del juego. Cuando puedo, le llevo a Javier mi guitarra acústica para rolear mejor, y que nos deleite con dulces melodías o covers de El Tri.

Eldrich, el paladín humano

Interpretado por Lalo Romero, con quien compartí una banda por más de tres años, él como baterista y yo como vocalista (no, en serio). Lalo y yo éramos los únicos ñoños en la banda y es posible que por eso es el único de ella con quien aún tengo una amistad cercana. Lalo ya tenía mucha experiencia con D&D, y esto se notó inmediatamente cuando comenzamos a jugar. Su personaje es exactamente lo que te imaginas al pensar en un paladín: un ñoño santurrón. Pero vaya que él lo hacía bien.

Ah, y el dios por quien pelea es Huitzilopochtli. No necesito describir sus gritos de guerra.

Garreth Mars, el rogue (me rehuso a decir ‘bribón) halfling

Interpretado por Humberto quien, al igual que Lalo, ya tenía experiencia en D&D ambos como jugador y como DM. Humberto tiene una forma, digamos, particular de jugar. Entraremos más a detalle a esto más adelante, pero ya lo conocen de su podcast favorito de videojuegos. Su personaje es un detective privado (y quien entienda la referencia en su nombre será mi amigo para siempre), y ha sido descrito por Jacinto como, cita textual, “un higadito”. Concuerdo, aunque el higadito ha resultado ser muy, muy útil y en un punto nos preparó omelettes.

Marcus, el clérigo humano

La llegada de Marcus, interpretado por Yuri Quesnel, hermano de Jacinto, fue una sorpresa. Él no empezó con nosotros en la primera sesión, sino que entró un poco más adelante y se unió al grupo de una forma muy interesante. Marcus viene de una granja y tiene con él una misteriosa y estúpidamente poderosa espada que recibió de una fuerza divina. ¿Qué tan cliché de novela de fantasía épica es eso? Naturalmente, Yuri ya tenía experiencia en D&D.

Quarian, el monje elfo oscuro

Interpretado por Álvaro de Cossio, a quien recordarán de virtualmente todo el arte que le ha dado cara a mis proyectos. Él diseñó las portadas y arte conceptual de The Armor of God, así como la imagen corporativa de GameBeast, y se ha encargado de ilustrar a algunos de los personajes aquí descritos.

Otro “higadito” (palabra de Jacinto para referirse estrictamente al personaje), Quarian es un elfo oscuro gruñón y solitario, el típico Lone Wolf, que parece fue creado en probeta; los tiros de dado de Álvaro durante la creación de su personaje, los cuales determinaban sus stats base, habrían soltado un par de alarmas en Las Vegas. De esas “rompe piernas”.

Skalle, el bárbaro medio orco (y el mejor personaje de esta historia)

skalle

“No veo diferencia,” me dijeron. Lo tomo como un cumplido.

Obviamente este güey soy yo. Y nada más porque no podía ser un orco completo como Bahgtru manda, o un minotauro, y cuando usé la palabra “home brew” (osea, crear nuestra propia raza), los ojos de Jacinto rodaron tan atrás en sus cuencas que vieron su córtex. Elegir raza y clase no fue difícil; siempre soy el tanque, siempre, y para hablar más a detalle de Mi Mame®: yo tengo una afinidad enorme al tropo del “matón genio” (genius bruiser en inglés)—ese personaje que es el monstruote que suelta los chingadazos, pero también es muy inteligente y/o culto. Ahí mi gusto por personajes como Hank McCoy, Thanos, Hulk, et al. La idea detrás de Skalle, cuyo nombre uso en todos los RPGs que juego, y viene de un hilarante capítulo de Bones,(y sí, sí corrijo la pronunciación en el juego), era subvertir el cliché del bárbaro. Claro que soy el tanque, sé usar mis hachas, y tengo un finishing move que ya se volvió firma, pero siempre intento ser quien se avienta a resolver acertijos, predecir la trama, reconocer patrones, etc. (a veces prematuramente).

El problema es que yo seguí una guía para crear bárbaros por lelo, y los stats en mi hoja de personaje no representaba mi estilo de juego. Esto fue algo que Jacinto se vio forzado a cambiar más adelante.

Entonces esa era la party. Cuando tenga arte de cada uno de ellos, lo compartiré, pero Álvaro está dibujándolos por gusto y nadie lo puede apresurar.

En el siguiente episodio, comenzaré a platicarles la aventura en sí. Dónde estábamos, qué queríamos, cómo nos juntamos, y cómo le clavé un hacha en el nies a Kratos.

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About Author

The Damn Beast

Una maldita bestia. Trans-minotauro. Autor de ciencia ficción y fantasía de The Armor of God. Escribo de videojuegos y cultura pop aquí y allá (pero más seguido aquí). A veces pretendo cantar metal y puedo agarrar una guitarra sin romperla. También me gusta levantar cosas pesadas.

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