Estaba adolorido, helado y agotado.

14 horas antes

Tuve que obligarme a despertar de madrugada para tomar un autobús, tratando en vano de recordar que mi pie se puede confundir con el otro que también se llama pie y que no es recomendable ponerle el zapato que le corresponde a su homónimo.

Antes de comenzarlo, el juego ya tenía una mala fama que lo hacía parecer infumable, honestamente no sabía cómo iba a comenzarlo, pero ya me había comprometido, así que a darle átomos.

12 horas antes

Tuve un vistazo al señor ese enojón en el que no me quiero convertir, mientras trataba de convencer al oficial de tránsito de no arruinar el viaje de todos porque el chofer resultó el perfecto ejemplo de conducción de las películas de madmax.

Una vez comenzado el juego, sus errores técnicos me estresaban por momentos, ¿cómo era posible que nadie supiera como se mueven los labios de las personas?, ¿cuándo vieron los desarrolladores que un ser humano moviera los ojos tan bruscamente?

10 horas antes

Traté de fundar una nueva disciplina Zen, basada en la felicidad emanada de dormir con los oídos tapados para no escuchar una alarma proveniente del sensor de una compuerta en el camión.

La sonrisa de Sara Rayder me persigue en mis pesadillas, pensé que necesitaría terapia.

8 horas antes

Descubrí por decimoquinta vez, según mis estimaciones, que no disfruto cargar maletas bajo el sol más de lo que disfruto pisar un lego.

Muchísimas horas después, los escenarios tan tediosos parecían diseñados para alejarme del juego, pero sabía que rendirse no era opción.

6 horas antes

Me di cuenta de que odio armar casas de campaña (también descubrí que odio desarmarlas, pero para eso aun faltaba mucho más), así como odio que los demás no lo odien como yo.

Los personajes lejísimos del carisma de los de la saga original son difíciles de querer, de eso no tengo dudas. Para colmo, no cantaron, carajo.

10 minutos antes

Casi me queman con un globo de cantoya, todo apesta, ojalá pudiera escapar en uno de esos globos, maldita sea, quiero un baño de verdad, te extraño ps4 y cobija san marcos.

Me mantuve con mi equipo original por más de la mitad del juego por el  sistema de items y armamento tan revoltoso, era jugar o administrar, carajo, como añoro estar en el bosque, sin complicaciones, junto al laguito ese.

Llegó el momento, inició la música, es el concierto que me debía de mi adolescencia y años universitarios, no manches, la cuarta canción es mi favorita, mi esposa es fan ahora también, que buen momento, me la estoy pasando increíble, ¿frío?, no manches, estoy agustísimo, que no acabe nunca.

Progresé y continué la historia principal, ahora completamente avocado y sin distracciones. Olvidé por completo las fallas percibidas al principio, soy un explorador, no manches, todos dependen de mi, el aislamiento ahora me motiva a avanzar, a luchar por todos los míos, ojalá que haya secuela, necesito saber como continuará esto, que maravilla de cliffhanger.

Cuando comencé con Mass Effect Andromeda (millones de gracias, Humbi), mi camino por el juego fue como el camino al festival del globo.  El juego no es bajo ninguna definición, una joya del diseño, ni el juego mejor valorado en la industria, pero logra con sus mecánicas narrativas hacerte sentir trascendente.

A través de una (muy rasposa) travesía, logra colocarte como el pionero que me ilusionaba cuando me enteré de su existencia. No eres más un guerrero que busca generar equilibrio, ni un héroe con una clara visión de su destino. Esta vez, tienes un lienzo en blanco, y el reto de convertirlo en tu obra magna.

Gracias al recurso argumental del inicio sin ataduras, pero sin algún salvavidas, los personajes ya no tienen esa facilidad para abrirse, para ser descuidados, sino que cada uno ahora parece vivir en perpetuo estado de defensa, contrastando enormemente con juegos anteriores, donde había claras indicaciones de cuales eran los puntos cardinales de su moralidad, por lo que cada uno sabía perfectamente cuál era su bando, cuál su objetivo.

La experiencia fue agotadora en ambos casos, incluso frustrante en ocasiones, pero también en los dos logré tener una conexión emocional que difícilmente tendría con otras.La sensación que Mass Effect Andromeda me dejó es que su secuela tiene unos cimientos sanos sobre los que puede llegar muy lejos, producto de mucho esfuerzo (tanto de los desarrolladores como de los jugadores) y un universo ávido de exploradores, de pioneros, solo es cosa de acampar antes de disfrutar de la música que nos ofrecerá.

Al final, después de ambos, estaba adolorido, helado y agotado, pero feliz.

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shabumafu

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