Cuando jugué por primera vez Papi Jump, Aurora Faint o incluso Angry Birds en mi iPod Touch, pude darme cuenta: una nueva era en los videojuegos había comenzado. Los Tokyo Game Show empezaban a cambiar alrededor de 2009; los stands de los juegos para teléfonos celulares crecían, mientras que las filas para probar los nuevos juegos para consolas eran cada vez más cortas.

Esto de los videojuegos, que empezó como una curiosidad para los programadores, se convirtió en un negocio, inevitablemente. Y los negocios cambian constantemente; y con la tecnología, peor. He visto a lo largo de los años como el entretenimiento electrónico casero se ha transformado radicalmente en las últimas tres décadas. Desapareció el joystick y aceptamos la cruz direccional. Desaparecieron los cartuchos para dar paso a los CD. Abandonamos las salas de arcade porque el poder de procesamiento ya era igual o mejor en las consolas caseras. Dejamos de jugar en la misma habitación para conectarnos mediante internet y seguir jugando juntos. Y ahora hemos empezado a dejar la televisión para jugar en los dispositivos inteligentes.

Sin embargo, incluso en el modo actual de videojugar, la esencia del videojuego prevalece. Siempre nos ha gustado mirar las partidas. Cuando jugábamos en las maquinitas, preferíamos ver cómo los vagos de Street Fighter II se batían a muerte y hasta evitábamos enfrentarlos, pero nos encantaba ver sus combos. Ahora hacemos lo mismo, viendo videos de Let’s Play en YouTube. Recuerdo que una vez jugué como ocho horas seguidas el demo de Warcraft —que venía incluido, junto con los demos de Doom, Descent y Heretic en un disco que acompañaba a mi tarjeta de video SoundBlaster 16—mientras que tres de mis amigos sólo miraban y opinaban sobre lo que tenía que hacer. Y aunque tenemos la opción de jugar partidas en línea, aún prevalece el modo cooperativo o competitivo en la misma pantalla, donde juegos como TowerFall, la campaña de Gears of War o las partidas de FIFA no saben igual si no se está físicamente en la misma pantalla, en la misma habitación. Aunque ahora descarguemos los juegos en vez de esperar a verlos físicamente al pie de nuestro árbol de Navidad, todavía queremos terminarlos. Todavía disfurtamos las historias de los RPG, todavía conversamos con nuestros amigos sobre nuestras hazañas, y todavía nos divertimos buscando y compartiendo secretos.

Gears of war 2

Ahora los videojugadores nos enfrentamos a cambios y transformaciones drásticas en la comunicación, como las redes sociales, por ejemplo, que sobreinforman, malinforman, pero, al final de cuentas, informan, nos nublan el criterio. Sin embargo, como bien lo dice mi mentor Gus Rodríguez, lo importante siempre van a ser los videojuegos. La diversión que nos dan.

Todos estos cambios no sólo nos han afectado a los usuarios, sino a los desarrolladores. Para bien o para mal. Para mal, cuando los estudios empiezan a tomar decisiones con base en los comentarios, críticas y costumbres de consumode los usuarios. Para bien, las herramientas que ahora tienen a su disposición, tanto de comunicación, como las redes sociales, como de desarrollo, que permite que incluso una persona, un individuo, sin necesidad de una gran empresa de distribución, pueda contar una historia mediante un videojuego y, gracias a la tecnología, pueda darla a conocer.

Es la nueva era. Y esa nueva era significa diversidad. Donde hay más opciones para nosotros los videojuegadores y los límites se han ampliado. Donde tenemos poco tiempo y mucho que jugar. Con juegos como Super Mario Maker, Until Dawn, Minecraft o Five Nights at Freddy’s, que ofrecen diversión fuera de la consola y parte de su chiste es ver cómo otros los juegan. Con juegos como Final Fantasy XV, Street Fighter V o Dragon Quest XI que, aunque se valdrán de la nueva tecnología, aún conservan la esencia del videojuego clásico. O juegos como Cube Jump, Crossy Road o Candy Crush que buscan hacer negocio ofreciendo diversión simple y adictiva, como en los viejos tiempos.

Esta nueva era es de diversidad. Hay que darnos cuenta de que nada ha desaparecido, simplemente se ha hecho más grande. Que ahora la exhibición de un producto en una tienda no es el límite y que podemos tener ese entretenimiento de nuevas formas.

Pikachu Pokémon Go

Mi opinión frente a la nueva era, sin necesidad de predecir futuros, es disfrutar lo que hay, porque ya hay mucho y de todo. Aceptar que el nuevo Pokémon Go, que llegará en 2016 para smartphones, nos va a hacer sacar nuestro teléfono para andar como loquitos jugando con realidad aumentada por doquier. Y, como el junco, doblarnos mas no rompernos, probando y disfrutando cada propuesta y cada desafío frente a nuestras pantallas, ya sea una pequeñita en la palma de nuestras manos, o en una smart tv en nuestras man caves.

Nosotros en GameBeast somos videojugadores. No importa nuestra edad o lo que hayamos jugado antes. Seguimos jugando. Y seguimos amando los videojuegos, ya sea en consolas, en arcades, en PC o en nuestros smartphones. Amamos opinar, pero nuestra costumbre es jugar videojuegos. Y no cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor.

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Densho

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